Volando a CUba
16 – 4 – 2010
Sobrevolando el Atlántico
En un punto indeterminado del cielo, sobre el océano Atlántico hacia Cuba, tres españoles en la fila 14 de un avión de “Cubana de Aviación”.
Es extraña la sensación de viajar junto a una de las personas más queridas, una de mis mejores amigas en Madrid y un “desconocido” que se empieza a abrir paso en mi cuadrante de la amistad. Ella en cuestión es Pilar Zumel. Él ha ganado el concurso de cortos del Yemaya y se llama Jorge Morais. Ha hecho un corto de animación precioso.
Pilar desde hace un año viene diciéndome: “Al próximo Festival de Cine Pobre de Cuba te vienes conmigo!”. Y así lo hemos hecho. Porque yo no he estado nunca y tengo ganas de conocerla. Tengo grandes amigos cubanos y muy admirados artistas con los que he música y confidencias. Claro que el motivo más fuerte es cantar allí. O mejor dicho, cantar allá. Llevo mis nuevas canciones con los textos de Miguel. Llevo el flamenco en la voz y el desgarro que supone vivir a mi manera.
Anoche lo sentí: Sentí la emoción en el público. Las desgarradoras palabras del poeta oriolano, Hernández, fluyendo en el vehículo de mi garganta sobre un sendero de soleá por bulerías. “Hijo de mi corazón” atrapó el corazón de la concurrencia en el antiguo convento de La Merced de Ciudad Real.
Estaban en la mesa coloquio: Carmen; delegada de cultura, turismo y artesanía; Lucía Izquierdo, nuera de Miguel Hernández y José Luis Vicente Ferris, escritor y biógrafo de Miguel Hernández. Era un acto homenaje al poeta del pueblo. No cabía más gente, incluso algunos permanecieron de pie por la gran afluencia de público que dicho evento había convocado.
Canté hacia la mitad algunos de los temas de “SU PUEBLO Y EL MÍO”: “Las abarcas desiertas”, “Campea mayo amoroso”, “Pocas flores mayo”, “Hijo de mi corazón”, “Lección de vinos” y “Burladero”. La voz de Ginés sonó brevemente entre las piedras que dan forma al claustro del antiguo convento. Y sucedió. Yo sé que Miguel estaba allí, junto a todos nosotros, entre la gente del pueblo, entre las personas que aman su poesía y su espíritu.
Fue uno de esos momentos en que te das cuenta de la magnitud del poder de la poesía, de la música. La gente se contagió de un amor incondicional a una persona que ahora mismo tendría 100 años, con una cercanía que todavía hoy me produce escalofríos y una gran felicidad.
Cuando Ferris recitó alguno de sus poemas, la “Elegía a Ramón Sijé”, “El esposo soldado”, “Antes del odio”, “muere un poeta”… acompañado a la guitarra por Juan Ignacio también se palpaba la emoción entre los muros y las miradas.
Lucía habló como siempre hace, desde el corazón, desde la verdad que le imprime su pasión por la familia, la única familia directa de Miguel. Hablaba por boca de su marido, de su suegra y madre Josefina Manresa y de sus propios hijos, eco indiscutible de la sangre de su abuelo. Anécdotas de la vida de un siempre joven cabrero y escritor que supo mantener la coherencia y la dignidad hasta los últimos momentos de su vida. Llevar sin miedo y sin ningún tipo de odio la bandera de la esperanza ciega en el ser humano hasta las últimas consecuencias. Qué valentía y que ejercicio de honestidad con el mundo y consigo mismo. No quería morir, quería vivir en libertad el amor de su mujer y de su hijo Manolillo. Sin embargo, no se permitió traicionarse a sí mismo firmando una declaración en la que no creía, que no sentiría jamás como propia. Fue castigado ante su negativa a morir sin asistencia médica en unas condiciones inhumanas, a separarse de los dos seres a los que más amaba, “sólo por amor”. Porque amor es lo que sentía y el sentimiento que más veces experimentó fue ese, el AMOR. Por la naturaleza, por la vida, las gentes, los animales, la literatura, su país, sus amigos, su familia… Y quién sabe por cuantas cosas más!. Pero sobre todo, y ante todo, amor por la libertad. Ese es el legado, esa es la lección de vida que nos dejó: Se puede dar la vida por amor y se puede dar la vida para seguir siendo libre.
Ahora en Cuba va a ser fantástico visitar un país tan hermoso y tan castigado de la mano de la libertad que respiran los textos de Miguel, y la que respiramos los artistas de la mano de nuestra querida anfitriona y amiga Pilar.
Las revoluciones no son tan difíciles, hace falta unidad y una chispa que encienda la mecha del cambio. Lo verdaderamente difícil es la coherencia. Ser coherente y honesto es algo que no se lleva, nunca se ha llevado y menos en política. Así que, no es fácil seguir siendo un revolucionario cubano, como no lo es mantener y exigirte como creador una trayectoria decente y auténtica. Por eso, estoy feliz. Estoy feliz de la vida que me he construido y la que dibujo para mi hija cada día. Feliz de los amigos y amigas que he ido haciendo en el camino y feliz de mi trabajo artístico.
Sólo espero y deseo estar a la altura de las expectativas del público que siempre me ha estado apoyando a lo largo de mi carrera.
21 – 4 – 2010
Ya en Gibara. Este pueblo es maravilloso. El Festival de Cine Pobre de Cuba, Humberto Solás nos ha traído aquí. Es una gente sencilla, alta, generosa y agradecida.
El pasacalles de recibimiento del lunes 19 de abril no tiene comparación con nada de lo que haya presenciado nunca en mi vida. Toda la calle que conduce de la Casa de la Cultura al Faro completamente llena aplaudiendo a los invitados. Llegando a la plaza del Cine comenzamos a ver niños y niñas a los lados con antorchas, señal que la marcha llega al final.
Unos músicos del lugar cantan el himno de Gibara y luego estallan decenas de cohetes en un castillo de alegres fuegos artificiales. Es una fiesta del pueblo agradecido al creador del festival que desafortunadamente falta desde hace dos años. Un cáncer fulminante y cruel nos lo arrebató después de los huracanes que asolaron, también, esta parte oriental de la isla de Cuba. Pertenece a la provincia de Holguín. El mismo día de la apertura, de la rueda de prensa de inauguración yo dije unas palabras sobre el sentimiento que me producía estar aquí. Que el nombre de este festival contenga el término “pobre” me hizo recordar unos versos de Miguel Hernández y los recité para todos: “Si yo nací de la tierra, si yo he nacido de un vientre desdichado y con pobreza, no fue sino para hacerme ruiseñor de las desdichas y eco de la mala suerte y cantar y repetir a quien escucharme debe cuanto a penas, cuanto a pobres, cuanto a tierra se refiere”.
La Casa de la Cultura de Gibara es un edificio con un patio interior amplio y luminoso que da paso a varias estancias, algunas de ellas sin puertas. En una de estas estancias sin puerta vislumbré un piano de media cola tremendamente deteriorado pero que me llamaba poderosamente la atención. Me dirigí hacía él sospechando que pocas de sus teclas conservarían su sonido original. Así era, de sus casi cien teclas apenas unas quince notas en su parte más grave se dejaban escuchar con cierta afinación. Con esas pocas notas y envuelta por la emoción del aplauso cariñoso que acababa de producirse tras mi recitado Hernandiano compuse una canción:
“Unas letras, un piano, teclas rota y un “por qué”.
Y la entrega en unas manos que me ofrecen un papel.
Para escribir de pobres, de cine
acá en Holguín.
En una villa blanca, en Gibara.
Me quedo aquí!
Aún resuenan unos versos con voz quebrada de Miguel.
Mi paisano, “la esperanza” en un pueblo que le quiere bien.
Por escribir de pobres, de tierra
del porvenir.
Querida villa blanca, Gibara,
Me quedo aquí!
En el centro de mi España, en un bar que hay en Madrid
Hay un ángel, una hermana, una madre que me trajo a Holguín (Aquí)
Para sentir lo pobre en el cine,
y ver y oír.
En esta villa blanca, Gibara,
me quedo aquí!
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