Carretera Orihuela – Madrid

5- 4 – 2010
crta. Orihuela – Madrid

La Semana Santa de este 2010 ha sido una sucesión, una procesión de saetas hernandianas. Que uno de los libros más emblemáticos de Miguel Hernández sea “El Rayo que no cesa” y que dentro de él se hallen estos versos:
“Despertar de esta labor
de huracán, amor e infierno
no es posible. Y el dolor
me hará, a mi pesar, eterno.”
No es casualidad.
Yo interpreté este fragmento poético como una saeta. Es indiscutible el “vía crucis” de cárceles que vivió el último año de su vida. “La pasión” y el sufrimiento que padeció durante su larga y cruel enfermedad. La separación de los suyos. Un ser como él, tan apasionado, libre y vital encerrado y privado del amor y de la salud. Debió ser un auténtico “calvario” para él. Mientras tanto su esposa trabajaba sin descanso dejándose la vista, las manos y su propia vida en las costuras que proporcionarían un futuro digno a su “Manolillo”, como lo llamaba su padre.
Por otro lado, si bien es cierto que al encuentro con los demás poetas y escritores del 27, Miguel se abre a otra forma más liberal y abierta de ver el mundo, Hernández era oriolano. Educado irremediablemente en un ambiente clerical y conservador, su propia naturaleza altamente terrenal y a la vez elevada e intelectual le llevó a alejarse de la Iglesia y de algunas de las cosas que significaba
Pero no se puede olvidar que escribe un Auto Sacramental, “Quién te ha visto y quién te ve, ni sombra de lo que eras.”. Escribe versos a vírgenes, a Nuestro Padre Jesús “El Nazareno”, y a otras de las tradiciones y costumbres de su tierra. Era un ser con un talento excepcional en una cultura y un momento histórico que no le correspondía. No estaba a la altura el ambiente que le rodeaba de su genialidad y de su alta sensibilidad. No obstante, formaban parte de su infancia y de su juventud. Su mejor amigo, su “hermano”, Ramón Sijé (José Marín) era muy religioso, tremendamente católico y creyente. Además de que pertenecía a una clase social y económica diferente a la suya. Eso es lo que hace tan grande al poeta oriolano: era una persona conciliadora, que sabía transcender y superar diferencias ideológicas, religiosas y clasistas. Miguel veía al ser humano, a la persona. Respetaba y amaba sin cortapisas por igual a los que pensaban como él y a los que no. “No existen las naciones, las fronteras las ha inventado el egoísmo”, decía Hernández.
Me gustaría mucho que en este año, a partir de este centenario suyo, la gente de a pie y sus paisanos sonbre todo, conocieran al verdadero Miguel Hernández.
El espectáculo que preparamos para dar a conocer su obra y los temas que he musicado en el disco homenaje está creado para ello especialmente.
Otra forma de conocer a nuestro poeta más universal sería leerse su obra completa. Me refiero también a las cartas, a las crónicas de guerra, sus discursos, su teatro… Todo lo que escribió lo describe como un hombre íntegro, tremendamente social y reivindicativo. Pero también, conciliador, pacífico y respetuoso con el resto de sus congéneres y no congéneres. Leed, por favor, las poesías a la naturaleza, a los árboles, a los insectos… Te desarma leer alguna de sus cartas, yo diría, cualquiera de sus cartas. La ternura y el elevado sentido de la familia, de la amistad y del amor que tenía.
Algo que no deja de sorprenderme es la capacidad para ver algo bueno siempre en todo. En cada vivencia o experiencia negativa e incluso terrible que vivió vio algo positivo y esperanzador. Me cuenta su propia familia que lo único que le robó algo de su inquebrantable esperanza en el futuro y en las personas fue su terrible enfermedad. Cuando se dio cuenta de que la tuberculosis que padecía no iba a remitir. Cuando se sintió tan enfermo que no veía solución, que no veía salvación.
Yo me permito hacer un apunte: si escribió un poema como “vuelo” durante sus últimos días de vida en la cárcel ( “Sólo quién ama vuela. Pero quién ama tanto que sea como el pájaro más leve y fugitivo…”); también escribió “Libre soy, sólo por amor”.
Sinceramente, pienso que jamás perdió la esperanza.

One Response to “Carretera Orihuela – Madrid on “Carretera Orihuela – Madrid”

  • Animo Esmeralda¡, Tenemos,, como acabo de descubir, una misma querencia por nuestro paisano… nosotras que somos compañeras … de vida ( compartimos los primeros años, contamos los coches que pasaban por la carretera junto a tu casa y cantábamos y bailábamos allí mismo por NIno Bravo…. Pasan los años y, afortunadamente, no pierdes la sonrisa¡. ¿ Recuerdas que cuando éramos niñas veíamos desde los ventanales del Colegio las pintadas paredes de las casas del humilde barrio de San Isidro con dibujos y poemas de Miguel? La cara, la cebolla y las nanas pintadas en la pared de enfrente me han conducido a una obsesión por Miguel, una feliz obsesión, que veo compartimos…. Te animo en tu empresa, y estoy deseando ver el resultado.Un abrazo fuerte. Pero siempre hay un rayo de sol en la lucha que deja la sombra vencida.. Cristina.

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