PUENTE DE SAN JOSÉ
23 de marzo 2010. Orihuela (Rincón de Bonanza).
Casa de mi madre y son las 6:00 h de la mañana. Ya no puedo dormir más.
El fin de semana ha sido largo y fructífero. Un puente de San José este que no olvidaré fácilmente. Es curioso y es mágico: Comenzar a grabar los primeros vídeo clips el día del padre.
Este trabajo (o debería decir este regalo de profesión) me depara sorpresas extraordinarias y está lleno de señales mágicas. De verdad empiezo a pensar y a creer firmemente en la existencia de algo o de alguien que este año 2010 ha decidido echarme, por fin, un cable.
La gente dirá que soy yo misma, que lo he decidido yo, que nadie más que un@ mism@ crea su propio destino. Seguro que así es, pero creedme si os digo que este año siento algo muy especial que nunca sentí.
Hemos grabado dos de los vídeo clips: “Burladero” y “Campea mayo amoroso”.
18 de marzo de 2010, 23:30 h. La playa de la Mata de Torrevieja.
Hicimos noche allí para empezar a las 6:00 h del día siguiente con el amanecer. Estos días el sol sale a las 7:20 h (decía Internet). Así que, tod@s a las 6:00 h, arriba y manos a la obra.
José Manuel “Sandín”, torero madrileño tiene la gentileza y el poderío de aparecer en el vídeo como artista invitado en “Burladero”. Historia preciosa contada por El Ciego de la obra teatral Hernandiana “El torero más valiente”.
Invito también a mi amiga Lorena Iglesias, guapísima gaditana, para hacer de su novia. Yo haré el papel de “hermana”.
El equipo técnico llega desde Madrid en la madrugada del mismo 19 de marzo. Nos fuimos a dormir todos tarde, más tarde de las 2:00h pero a las 7:00h estábamos todos con la energía y la ilusión puestas en el cielo para que la luz fuera buena. Habían dado lluvias en previsión para sábado y domingo. Más domingo. El sol se resistía a salir este viernes 19. Como si no quisiera contemplar la muerte del novillero “en la plaza de Madrid”…. Grabamos al torero en todo su esplendor sobre el verde musgo de las rocas junto al mar. El mismo mar que bañara los pies de mi abuela Josefa Vallejos. Una mujer sensible y artista, con sentido del humor, avanzada a su época, hermana e hija de marineros y de músicos de Torrevieja. Cuando se casó con mi abuelo “Cancán” dejó su pueblo natal para irse al Raiguero. Esta decisión marcaría su vida.
A mi abuela materna le encantaba bailar, coser, diseñar ropa y contar historias, divertirse. Era trabajadora y muy alegre. Tuvo dos hijas, bueno tres, una murió al nacer por placenta previa. A mi abuelo le preguntaron: “Quiere salvar a la hija o a la madre?” Mi abuelo dijo que a su mujer, por supuesto.
Una mujer que llegaba desde una ciudad portuaria, más moderna que Orihuela y con una mentalidad más abierta, traía un peinado a lo “Amar en tiempos revueltos” de Madrid. Yo diría que hasta era un corte de pelo “afrancesado”. Las ondas que se llevaban en los círculos más chic y un estilo que en mi pueblo no se había visto mucho, yo diría que nunca.
Enseñó a muchas niñas a coser y quitó “mucho hambre” en los años de los racionamientos. Mi abuelo era el casero de una casa rica del Raiguero. Tenía colindante a la mansión una casita de guardés y ayudaba en las labores del campo. Los “amos” siempre les trataron como si fueran de su familia. Apadrinaron a mi madre Lola. Tras la guerra llegarían las cartillas de racionamiento.
El padrino de mi madre y, sobre todo, Dolores Montero, su madrina, le facilitaron una ocupación al abuelo. Hablaron con el entonces alcalde de Orihuela, Mariano Belda Garriga casado con una sobrina de Doña Lola y también familia de los Montero de Orihuela. Recomendándolo así, por gente honrada y de fiar, para llevar el racionamiento del pan de nuestra pedanía. 50gr. por persona de harina y día. Sólo a aquellos que poseyeran una cartilla de racionamiento.
Entonces, me cuenta mi madre que Ignacio Genovés, (un gran tenor y artista de zarzuela de la época y dueño de la finca) hizo tirar la casita de los guardeses porque si no estaban ya Francisco ni Josefa para qué la querían? Y nadie que no fuesen ellos iban a vivir en esa casa.
De la guerra civil se hablaba poco. Algo comentaba mi querido abuelo del sufrimiento de ver como tenían que enfrentarse hermanos contra hermanos. Como la amistad era más fuerte que los “bandos”. Como salvaron la vida de más de uno de los “rojos”. En esta parte de Alicante era peligroso ser del bando “nacional”. Así que, la casona de Genovés Montero que estaba situada en la ladera de la sierra de nuestro Rincón de Bonanza fue requisado por los del bando “popular”. Allí estaba escondidas infinidad de obras de arte religiosas que habían ido rescatando de las iglesias de Orihuela. Una anécdota que recuerdo es que un día que de Francisco Grao volvía hacía el pueblo con unos candelabros de plata de la iglesia de Monserrate envueltos en papel de periódico dentro de un capazo. Se cruza con el “Fransisquillo”, uno de los mandos de la zona de Orihuela y se pone a hablar con él. Mi abuelo era soldado por el bando popular a veces tocaba alistarse bajo la bandera de cualquier ideología. No importaba la tuya, sino la zona en la que vivías y salvar la vida. Dudo que la mayoría de la gente humilde de a pie fuera consciente (consciente sí), fuera tan instruído en filosofía e historia como para tener realmente una ideología propia.
El pueblo quiere y busca la felicidad y el amor. Y cuando hay una familia, hijos, y sobre todo, hambre y miedo, no hay nada más triste que tener que luchar por algo que ni siquiera entendemos.
Cancán, le llamaban porque cuando era pequeño hacía muchas trastadas y era un niño muy inquieto. Le decían: “No des más cancán” o “Mira que eres cancanero!”.
Así pues, Cancán, ese niño inquieto que había tenido que luchar con un arma en las manos contra hombres que, como él, lo único que intentaban era sobrevivir a una guerra fratricida, conversaba con uno de los suyos muerto de miedo. Se levantó aire y los periódicos del capazo empezaban a amenazar con salir volando. Abajo los candelabros de plata que llevaba para guardar en “la habitación de los santos” se empezaban a entrever. Por fin se despiden y mi abuelo suspira aliviado.
La madrina de mi madre era muy devota y protegía en su casa, alejada a unos dos kilómetros del centro de Orihuela, toda la imaginería y otras cosas de valor de los templos Oriolanos. No en balde le hacían llamar a ese cuarto-museo la habitación de los santos.
Por aquellos años de la guerra enviaron a un teniente del ejército, Juan Pérez Garrido, a esa casa requisada del Raiguero de Bonanza. Doña Lola Montero le enseña toda la mansión y abre el cuarto de los santos. Al ver todo ese número ingente de obras de arte Don Juan se echa las manos a la cabeza y exclama: “Tranquila, que para que se lleven o destrocen todo esto tendrán que pasar por encima de mi cadáver.”.
Muchas personas con sensibilidad, buen corazón y sentido de la historia y la justicia que hicieron mucho bien eran gente anónima. A mi me gusta, cuando se puede, ponerles nombre y darles su sitio en la historia.
Como militar Juan tenía que acatar las órdenes de los superiores y posicionarse del bando que le tocaba en su zona. Al terminar la guerra todos los contrarios al “movimiento nacional”, a Franco, fueron detenidos. Doña Lola dio buenas referencias de aquel teniente que había conservado parte del patrimonio artístico y cultural de Orihuela, y se libró de morir dentro de una cárcel.
Sus hijos: Juanito, un chaval de 8 años, Marita y Pirula mantuvieron la amistad de por vida con mi familia y con los padrinos de mi madre. Yo lo conocí, y era un ser luminoso y vital. Siguió los pasos de su padre y se hizo militar.
Volviendo al “hambre” y a Josefa, mi abuela, y a la panadería, que más tarde, durante la democracia, sería una tienda de ultramarinos…. como las “tiendas de los chinos” de ahora.
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